Joven Peculiar

Esta es la historia de un joven peculiar, atrasado en su época; mejor dicho un romántico. ¿Usted acaso cree en el amor a primera vista? Pues este joven cree en semejante forma de interesarse en otra alma sin siquiera conocerla.

Corría el año 2014, Lisandro Ariza había terminado la secundaria el año anterior, y pretendía abandonar San Isidro para salir a conocer el mundo, o como él le decía a sus padres “abrir su cabeza”. Para lograr este objetivo, Lisandro trabajó arduamente por meses. Cortaba el pasto de sus vecinos por las tardes, y era mozo por las noches en un restaurante pequeño a un par de cuadras de su casa. Finalmente lo logró, consiguió hasta el último centavo necesario para sacar su pasaje a Barcelona, donde tenía unos familiares lejanos, y allí se conseguiría algunas “changas” para sobrevivir. Se pasaría un año entero recorriendo el viejo continente.

La semana anterior al viaje, su madre Fernanda, molesta y cariñosa como la gran mayoría, obligó a Lisandro a hacerse toda clase de estudios médicos para asegurarse de que su pequeño esté en óptimas condiciones para tal aventura. Y fue allí donde su locura, si se nos permite llamarla así, comenzó. Se encontraba camino al dentista, aquel que había ido toda la vida, y del cual detestaba cada detalle de su experiencia; tanto de la pequeña y ruidosa sala de espera como de la vieja y arrugada recepcionista que atendía con tan mal carácter. No solo eso, sino que le recordaba sus largos años de usar aparatos, y que tanto malestar le provocaron. Al tocar el portero eléctrico, notó una voz muy diferente a la agria de aquella vieja arrugada, lo cual lo descolocó un poco e incluso pensó haberse equivocado de botón, pero no, no fue así. La sala de espera estaba recién pintada, toda decorada con muebles nuevos e incluso un gran televisor donde estaban pasando el partido de Racing, que por la emoción del viaje había olvidado por completo. Era un partido amistoso sin ningún valor, por lo que tampoco se alarmó tanto. Se acercó hasta el mostrador y la recepcionista, que estaba de espaldas, giró para mirarlo. Lo paralizó por completo, tardó un par de segundos en volver a la normalidad. La recepcionista volvió a preguntarle el nombre, y si tenía turno, a lo que avergonzado, respondió que su madre se lo había sacado y que su nombre era Lisandro Ariza. Ella se río, él se cautivó con su sonrisa, y sintió que a través de ella logró conocerla profundamente.

¿Es esto amor a primera vista? Un joven que al ver a una chica se deslumbra con su sonrisa, que de repente todo el clima lúgubre del consultorio del dentista se convierte en un mundo maravilloso, nuevo. ¡No! Esto no es a lo que me refiero.

El dentista le tuvo que realizar un tratamiento de conducto, por lo que agarró el torno y comenzó con el doloroso tratamiento. Él, que solía quejarse mucho, permaneció calmado, incluso se podría decir que con dejos de felicidad en su rostro con la boca abierta, siendo perforado por el “maldito torno” como lo llamaba.

Tras una hora de tratamiento, Lisandro salió a la recepción y se dirigió hacia el mostrador para solicitar un nuevo turno para dentro de dos días, ya que el dentista necesitaba continuar con el tratamiento, pero en otra muela. Cuando la recepcionista le acercó un papel y le indicó que firmara, él escribió su número de teléfono, se lo devolvió y le dijo –llamáme cuando quieras salir a tomar algo-. Ella, lejos de tener esa sonrisa radiante que había penetrado en la mirada del joven Lisandro, recibió el papel casi con cara de asco, y con un gesto de rechazo en su rostro, le dijo -tengo novio, es el dentista-. Esas palabras partieron su corazón, incluso algunos en la sala dicen que se pudo escuchar con claridad. Como si fuera poco, ella aclaró, innecesariamente, -igual, no saldría ni por casualidad con alguien como vos, chiquilín-. Y tras una buena serie de carcajadas, se puso a contarle la situación a sus amigas por whatsapp. Lisandro sufrió un ataque de llanto, no solo había sido rechazado, sino que ridiculizado ante una sala llena de gente. Le dejó un sabor terriblemente amargo. Él, por dentro, había entregado su corazón, sólo por sus ojos.

El amor a primera vista no existe, los ojos sólo reflejan la belleza física, que aunque tiene que ver con la pasión, lo que realmente enamora es el corazón, escanear el alma de la otra persona, conocerla, sentirla, vivirla. No una simple apariencia engañosa. Los ojos engañan, el corazón dice la verdad.

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